Confía

Deja de preocuparte por cómo sucederá. Confía en que, de una u otra forma, todo llegará cuando tenga que llegar.
Las puertas correctas se abrirán, las personas adecuadas llegarán y las oportunidades indicadas encontrarán su camino hacia ti. No necesitas forzar nada, porque lo que es para ti fluye sin lucha.
Mantente paciente, mantente abierto y preparado para recibir. Permite que la vida siga su curso, sin apresurar lo que aún está en proceso.
Hay un tiempo perfecto para cada cosa… y aunque ahora no lo veas con claridad, todo se está alineando en silencio, poco a poco, a tu favor.
Confía en el momento.
Confía en el camino.
Y deja que la magia de la vida se revele a su debido tiempo.

Había una vez un joven llamado Pequeño Rinpoche que vivía con la constante sensación de llegar tarde a su propia vida. Miraba a su alrededor y veía cómo otros avanzaban: conseguían trabajos, encontraban el amor, cumplían sueños. Él, en cambio, sentía que todo lo suyo estaba en pausa.

Cada mañana salía a caminar por un sendero cercano a su casa. No sabía exactamente qué buscaba allí, pero algo en ese recorrido le daba calma. Aun así, su mente no descansaba: “¿Y si nunca pasa? ¿Y si no es para mí?”.

Un día, cansado de sus propios pensamientos, decidió caminar más lejos de lo habitual. El sendero se volvió más estrecho, más silencioso, hasta que llegó a una puerta de madera en medio del bosque. Le pareció extraño, pero también irresistible. Intentó abrirla… estaba cerrada.


P.R empujó con fuerza. Nada. Golpeó. Nada. Se frustró.
—Claro —murmuró—, otra puerta que no es para mí.
Se sentó frente a ella, derrotado. Por primera vez en mucho tiempo, no intentó hacer nada más. Solo respiró.
Pasaron los minutos. El viento comenzó a soplar suavemente, las hojas se movieron… y entonces, sin que él la tocara, la puerta se abrió lentamente.
P.R se quedó inmóvil. No hubo esfuerzo, no hubo lucha. Solo tiempo..


Al cruzarla, no encontró un tesoro ni respuestas mágicas. Encontró algo más simple: un claro lleno de luz, tranquilo, sereno. Y en ese instante entendió que no todo se abre con fuerza; algunas cosas solo se abren cuando uno deja de empujar.


Regresó a casa con una sensación nueva. Su vida no había cambiado de golpe, pero su manera de mirarla sí. Empezó a confiar un poco más, a apresurarse un poco menos.
Y con el tiempo —no de inmediato, no perfecto— comenzaron a llegar las oportunidades, las personas, los caminos. No porque los hubiera forzado, sino porque estaba listo para recibirlos.


P.R comprendió entonces que hay puertas que no se abren cuando queremos, sino cuando deben. Y que a veces, lo más valiente que uno puede hacer… es confiar en lo que aún no ve.
Deja de preocuparte por cómo sucederá.
Lo que es para ti no necesita fuerza… necesita paciencia.

Escrito por nuestro maestro S.E. Nyari Tritul Rimpoché